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Autor:  Antxón Sarasqueta  (antxon@sarasqueta.com)
Fecha:  Lunes 07 de diciembre de 2009
Categorías:  
Desorden intelectual

El llamado “efecto desánimo” en la población ha calado en la realidad social española, en una coyuntura histórica de crisis de valores y liderazgo en la sociedad occidental

En sus múltiples formas y espacios el debate de una sociedad libre está marcado por el desarrollo intelectual. Si, por el contrario, es el desorden intelectual el que domina el debate, cunde la amorfia, y la sociedad y sus individuos se ven inmersos en una realidad en la que se va perdiendo el sentido. Es cuando las personas dan sentido a lo que por su naturaleza es un contrasentido. Alguien lanza el mensaje de la “España plural” y se convierte en un concepto asumido por la mayoría con naturalidad, cuando es algo contrario a su naturaleza porque lo que es plural es la sociedad, y no puede serlo la nación.

Una realidad gris

Sin embargo, si alguien dice que “España no es plural”, se volverán contra él hasta los de su entorno, porque se ha impuesto una corriente de pensamiento contraria al sentido natural de las cosas. Es una realidad en la que se ha pasado de “el saber no ocupa lugar” al “discurrir no tiene lugar”, con un empobrecimiento intelectual que socava la libertad del sistema, de la sociedad y los individuos. Una realidad gris.

El efecto desánimo barre el mercado laboral español”, titulaba recientemente un diario reflejando el estado de una población con más de cuatro millones de parados, a quienes todos los días le somete desde el Gobierno a la ducha escocesa de decirles que se sale de la crisis pero que se tardará en crear empleo. Con el añadido del desprecio que supone para su inteligencia decirles a los ciudadanos que las cosas mejoran porque se reduce la persistente destrucción de empleo. Como si a medida que se vacía el pantano la situación de la sequía fuese mejorando porque cada vez se pierde menos agua.

El pesimismo no crea puestos de trabajo”, dijo el líder socialista y presidente del Gobierno español, José Luís Rodriguez Zapatero, como si fuese un estado de ánimo el que crea empleo. Desde entonces (1-6-2009) se han destruido casi 2 millones de puestos de trabajo (INE) y a Zapatero le siguen considerando un “optimista antropológico”. Lo que permite deducir objetivamente -en base a los hechos- que nunca un gobernante con mayor optimismo ha creado más pesimismo.

Este proceso de suplantación del discurso del sentido natural de las cosas por conceptos y mensajes que en sí mismo son un contrasentido, forma parte central de un proyecto de cambio político y cultural de la sociedad occidental, de orientación radical. No hay nada más radical que cambiar el orden natural que da sentido a la vida de las personas. Como decir desde el Gobierno que un niño en el vientre de su madre no es un ser humano, o afirmar que los soldados que envía a la guerra de Afganistán no van a la guerra sino a una misión humanitaria.

El “optimismo antropológico” ha creado el mayor pesimismo de toda la democracia española


Hacer de la ignorancia un don

Pero el desorden intelectual se propaga por algo más que cambiar el sentido natural del ‘ser’ de las cosas. La contradicción como método, la verdad oficial, y la estética de lo absurdo, son tres vectores para imponer el mensaje de lo contranatural. Si la opinión pública se acostumbra al decir y el hacer cosas contradictorias, pierde el sentido de la razón. La sociedad se debilita y es vulnerable. Las personas que discurren son desplazados por el impulso del disparate y el contrasentido.

El desarrollo intelectual es generado por una sociedad crítica, mientras que en el desorden intelectual domina la confusión, el ruido y el disparate. La estética de lo absurdo impregna el paisaje cotidiano. Siguiendo esa pauta, cada vez son más los que pierden el pudor de mentir y engañar con descaro, tergiversar los datos, y hacer de la ignorancia un don.


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  • La contradicción como método
  • El don no está en ignorar lo que ya es conocido, sino en saber lo que se ignora. Lo que ignoramos es infinito y lo que sabemos limitado. Lo que hace apreciar el saber, y sitúa al ser humano en un estado de humildad intelectual, que le hace practicar la virtud de la prudencia cuando se trata de conjeturar sobre el futuro. Las visiones apocalípticas del mundo intelectual y de la ciencia, provienen del dogma, no del saber.

    Este proceso de cambio no se puede simplificar con atribuciones partidistas e ideológicas porque sería reducir el problema, que tiene una magnitud mayor y de carácter global. La libertad ha dejado de ser el eje motor del mundo occidental. Se ha pasado de defender “el mundo libre” frente al totalitarismo, a justificar la censura contra la libertad de expresión para no molestar a los totalitarios, como ocurrió con las viñetas sobre Mahoma (2006); o a defender la alianza de civilizaciones impulsada por el régimen integrista iraní en septiembre de 1998 en la ONU.

    Teorías baratas que cuestan caras

    Teorías como las de la ‘economía sostenible’, ‘ideología de género’, ‘igualdad de sexos’ o el ‘calentamiento global’, dan lugar para debates mundiales y se materializan en políticas de los gobiernos, cuando están montadas sobre conceptos abstrusos y contrarios a su sentido y lo que representan por su naturaleza. La economía se desarrolla o no, y el bienestar y progreso socialGlosario de Sarasqueta.com
    progreso social: Es lo que mejora la vida de las personas. Está relacionado con la calidad de vida.
    dependen de que se desarrolle. Hacer del género humano una ideología, o convertir dos sexos de diferente naturaleza en iguales, es en sí mismo una perversión intelectual porque tanto la ideología como la igualdad de derechos y deberes tiene su objeto en la persona como ser individual, y hacer lo contrario es desnaturalizar y devaluar a la persona. Un planteamiento marxista. Para el marxismo la persona tiene que ser reducida a un mecanismo del sistema, y no tiene valor como tal persona. Intelectualmente resulta decepcionante ver como son teorías aceptadas sin más, y defendidos por quienes al mismo tiempo hacen de la libertad y los valores humanos su bandera.

    Son teorías salvadoras. Adobadas todas ellas con la idea sentimental, entre ingenua y pretenciosa, del hombre salvando la tierra, el mundo y a sus semejantes, de las amenazas que representan su propio orden natural. Se quiere sostener el desarrollo para salvar a las futuras generaciones, mientras se les endeuda e hipoteca antes de que nazcan, al tiempo que la mayoría de la población actual en el mundo sigue teniendo las necesidades más básicas para el ser humano. Se quiere salvar a la mujer, que por su propia naturaleza es superior, reduciéndole a ser igual al sexo opuesto, en lugar de favorecer su potencial personal y recursos, en beneficio de todos.

    No son teorías que resistan el rigor intelectual. Son teorías baratas y fáciles de comprar, dirigidas a suplantar la reflexión intelectual y científica por las etiquetas ideológicas y propagandísticas del relativismo, el buenismo, y el adanismo. Con efectos letales para la persona como individuo y para sus valores. El desorden intelectual es síntoma de decadencia. Lo que es contranatural, destruye el orden de la naturaleza del ser.

    Antxón Sarasqueta
    Madrid, 7 de Diciembre de 2009
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