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Autor:  Antxón Sarasqueta  (antxon@sarasqueta.com)
Fecha:  Jueves 26 de octubre de 2006
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¿Qué es la democracia radical?

El líder del PSOE y presidente del Gobierno de España, José Luís Rodriguez Zapatero, no ha ocultado su proyecto de implantar una democracia radical pactando con los más radicales del nacionalismo y la izquierda.

Cuando antes y después de llegar al poder José Luís Rodriguez Zapatero asocié su liderazgo a un proyecto de democracia radical, me han requerido para explicar más ampliamente que es eso de la democracia radical.

A medida que pasan los meses y ese proyecto radical en la vida española va cuajando, la inquietud y rechazo empieza a crecer en la mayoría. Pero ya está aquí, ya es tarde. Ya no se puede prevenir, ahora hay que combatirla. “El peligro del radicalismo”, titulaba el otro día su artículo en El Mundo mi buen amigo Justino Sinova.

“Una sociedad democrática es…cuando la mayoría siempre está dispuesta a tumbar a las minorías revolucionarias”, escribió Walter Lippmann, y su definición figura precisamente entre las numerosas citas que recoge Douglas Lummis en su obra “Democracia Radical”.

España está viviendo ese desafío, y conviene ser conscientes de ello. Supongo que cuando el otro día el Príncipe de Asturias defendió el pacto constitucional de 1978 que ahora se pretende romper unilateralmente, se refería a eso.

Porque entre otras cosas es típico de quienes quieren imponer una democracia radical, sustituir los pactos de la mayoría (conocido en el caso español como el consenso de la Constitución), por el conocido como pacto de Tinell, que firman las minorías socialistas, comunistas, e independentistas para excluir de la vida institucional y política al PP, que en el Congreso de los Diputados representa el 41,71% de los escaños, y en el Senado el 49% (donde el PSOE tiene el 37%). Solo en militantes el PP tiene mayor número que ERC en votos (707.000 contra 652.196 ), que es la minoría de extrema izquierda de Cataluña con la que se ha asociado Zapatero para desarrollar su proyecto radical.

Las minorías se imponen a las mayorías

Desde el momento que el PSOE, uno de los dos grandes partidos nacionales, utiliza la aritmética para sustituir la voluntad de la mayoría, que es algo sagrado en una democracia, y así consta en la ley electoral española, por la suma de minorías, se empiezan a romper las reglas, las escritas y las no escritas. El primer experimento de los socialistas fue en Baleares, donde gobernaron (1999-2003) todos los que perdieron, arrebatando el poder al PP a pesar de ser antagónicos entre sí, y por tanto sin representar la voluntad de la mayoría.

La democracia radical es el sueño de los que se llaman posmarxistas para poder seguir siéndolo sin que lo parezca. Es decir, tratando de engañar a la opinión pública. La democracia radical no tiene de democracia ni las formas, solo la apariencia.

El País Vasco es un caso experimentado por los españoles. Donde, como en Cataluña, la extrema derecha nacionalista y la extrema izquierda se unen y comparten una estrategia para corromper y destruir los pilares de la democracia liberal que fue desarrollándose con la Constitución de 1978.

Las primeras víctimas de este modelo de democracia radical que lidera Zapatero fueron los socialdemocratas auténticos de su partido. Lo denunció Nicolás Redondo Terreros cuando vio que se imponía el proyecto de Maragall de romper la alianza constitucionalista con el PP, y girar hacia las posiciones radicales del nacionalismo.

La democracia radical se va instalando de forma progresiva. La meditización e intimidación es una de las principales bazas de los radicales. Equiparar a Aznar con Bin Laden, el terrorista más buscado del mundo, y resaltar en las mismas páginas de El País la concesión universitaria de doctor honoris causa al líder comunista Santiago Carrillo, forma parte de ese proceso.

Sustituir los pactos de Estado contra el terrorismo por el pacto con los terroristas es otro de los pasos visibles en este proceso. Es lógico por tanto que los terroristas, Carod Rovira, y los comunistas de IU, se sientan felices con Zapatero, y todos coincidan en una misma expresión: para ellos es “una oportunidad”.

La propuesta del nuevo estatuto catalán es en toda regla una ruptura del modelo de Estado y constitucional. Que es el proyecto radical pactado por Zapatero con sus socios y aliados, y que se va a tramitar como si fuese una reforma estatutaria para que parlamentariamente baste con la mayoría simple de los votos. Mientras que si se presentase como lo que es, una reforma constitucional, serían necesarios los dos tercios, y por lo tanto el PP tendría poder de veto. Eso es la democracia radical: engañar a la democracia. Utilizar el poder para cambiar el sistema unilateralmente.

Dentro de ese engaño para implantar en el día a día la democracia radical, se utilizan las falsas expectativas. Todo son expectativas. “El PSOE enmendará”, “Zapatero encauzará”…todos los mensajes están dirigidos a aparentar que nada se hará fuera de la Constitución, cuando en la práctica es lo contrario. Es una estrategia dirigida a reducir las resistencias, a hacer ver que es lo que parece, y no lo que en realidad es.

El texto del proyecto de estatuto no solo dice que Cataluña es una nación, sino que se convierte en Estado, al igualar la Generalidad y el estado español (artículo 12), con capacidad para “suscribir convenios, tratados, y otros instrumentos de colaboración en todos los ámbitos”.

Todo forma parte del guión del proyecto Zapatero para implantar un nuevo régimen radical.

Artículo de Antxón Sarasqueta publicado en el diario Gaceta de los Negocios el 25 de Octubre de 2005
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