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Autor:  Antxón Sarasqueta  (antxon@sarasqueta.com)
Fecha:  Viernes 18 de agosto de 2006
Categorías:  
Gobernar el futuro

Gobernar el futuro exige gobernantes con sentido de la compeljidad y hacer de las nuevas tecnologías la prioridad nº1 ante los riesgos y oportunidades.

Picatinny es considerado uno de los centros avanzados dentro de las fuerzas armadas norteamericanas, porque produce armas y sistemas que antes solo aparecían en las películas y novelas de ciencia ficción.

Situado al noroeste de Nueva Jersey, ha puesto en marcha uno de los mayores laboratorios de nanotecnología para su aplicación en sistemas y armas inteligentes en la lucha antiterrorista, y en otras aplicaciones que van desde los productos de salud y belleza a los electrónicos y de telecomunicaciones.

Al mismo tiempo que la nanotecnología produce estos avances para mejorar la calidad de vida, los terroristas la utilizan para desarrollar nuevos métodos de atentar.

La nanotecnología implica la manipulación de la materia a una escala atómica, es decir a millonésimas de milímetro. Lo que supone entrar en otra dimensión no solo en las amenazas y los riesgos físicos, sino en el pensamiento, la organización, y la gestión del gobierno.

Desde hace años las naciones más desarrolladas se preparan para enfrentarse al escenario del nanoterrorismo.

La nanotecnología es la nueva amenaza en manos de los terroristas, y es la mayor garantía de seguridad aplicada en la lucha antiterrorista


344 millones de dólares ha destinado este año el gobierno USA a la investigación en nanotecnología solo para el control y vigilancia de la seguridad interna. Pero, en conjunto, el presupuesto norteamericano de 2007 para investigación y desarrollo a través de la Iniciativa Nacional de Nanotecnología (NNI) será de 1.300 millones de dólares. Se ha triplicado en los últimos seis años.

El complot terrorista frustrado por los servicios de inteligencia británicos la pasada semana, proyectó la imagen de lo que hubiera sucedido si no lo paran. Las escenas de aviones explotando en cadena en distintos lugares del mundo y muriendo miles de pasajeros, recorrieron la mente de millones de ciudadanos.

Toda persona consciente sabe que eso es un riesgo que forma parte de nuestras vidas. El 11 de Septiembre de 2001 con más de tres mil muertos quedó en nuestra retina.

El uso de explosivos líquidos fue utilizado por los terroristas como un “test” en un avión de Filipinas Airlines en 1994. Murió una persona y otras 10 resultaron heridas. Dos años después, en 1996, el terrorista Ramzi Yousef fue condenado tras descubrir la policía que planeaba volar una docena de aviones utilizando nitroglicerina.

Para prevenir una amenaza y que esta no llegue a consumarse, el Estado tiene que utilizar una fuerza superior. “Desde el 7 de Julio -de 2005- hemos frustrado al menos cuatro complots terroristas”, ha desvelado el ministro del Interior británico, John Reid.

En los últimos veinte años se han descubierto treinta nuevas enfermedades infecciosas. Estas enfermedades han producido el 30% de todas las muertes en el mudo. La más letal ha sido el sida, que ha matado a 25 millones de personas y ha infectado a 40 millones. Los avances en las investigaciones en nanotecnología suponen que en breve se dispondrá de aplicaciones más avanzadas para producir nuevos y mejores fármacos y más baratos.

Ante esta realidad, la seguridad de los ciudadanos no depende de que los terroristas dejen de matar sino de que los gobiernos sean capaces de neutralizar su amenaza.
Y eso significa, entre otras prioridades, gestionar una política de Estado que haga de la nanotecnología una herramienta de seguridad.


La nanotecnología hace posible el desarrollo de sustancias que sin poder ser detectadas por los actuales sistemas de seguridad, mediante su sola inhalación o el contacto con la piel, producen la muerte.

Los terroristas no pueden engañar a la policía si rodean su cuerpo con cartuchos de explosivos, pero podrían hacerlo si debajo de su piel incrustan nanobombas. Artilugios del tamaño de la cabeza de un alfiler con alto poder destructivo.

Estamos ante otra dimensión de lo que representa el poder destructivo y por tanto de los sistemas de seguridad para hacer frente a esa amenaza en la lucha antiterrorista. O en otros frentes como los ataques incendiarios que vive Galicia. Una nueva dimensión no solo de sistemas científicos y tecnológicos, sino del pensamiento y capacidad de gestión que ello requiere.

El futuro se afronta con unas formas y sistemas de gobierno muy diferentes a los que hemos conocido, y que pasa por la nanotecnología y no por la memoria histórica.

Artículo publicado el 15-8-06 en La Gaceta de los Negocios
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