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Autor:  Antxón Sarasqueta  (antxon@sarasqueta.com)
Fecha:  Miércoles 07 de diciembre de 2005
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El proyecto radical de Zapatero y Carod-Rovira

En la vida española se está produciendo un debate ideológico largamente aplazado: el de las fuerzas moderadas que por fin se enfrentan a esos grupos y partidos que tienen por objetivo implantar un nuevo régimen político de orden radical.


No dieron esa batalla ideológica los socialdemócratas del PSOE, o por lo menos no tuvieron éxito, y ganó el liderazgo de José Luís Rodriguez Zapatero, que ha situado a su partido compartiendo proyecto con los republicanos independentistas de ERC y con los comunistas de IU.

El desplazamiento socialista hacia la extrema izquierda no es una opinión, es una realidad institucional. Tienen acordados sendos pactos de gobierno a nivel nacional y en Cataluña, y han votado conjuntamente la propuesta de un nuevo estatuto para Cataluña que supone la ruptura del pacto constitucional y un modelo de Estado confederal y de corte totalitario.

La materialización de este proyecto radical está escrito en el documento del gobierno tripartito catalán (llamado del Tinell), de Diciembre de 2003, por el que socialistas, comunistas e independentistas republicanos se comprometen a establecer un nuevo régimen radical, cambiando el modelo de Estado constitucional, y excluyendo al Partido Popular y todo lo que representa. El PP representa en la actual legislatura el 42% en el Congreso de los Diputados, y el 49% en el Senado. Mapa interactivo del proyecto de poder

Entre otras cosas en este pacto se establece “la consideración constitucional de la Generalitat como Estado”; un nuevo estatuto que haga de Cataluña una nación; y la exclusión del Partido Popular (“Ningún acuerdo de gobernabilidad con el PP” e “impedir la presencia del PP en el gobierno del Estado”).

Es un proyecto radical para “el establecimiento de un nuevo marco legal donde se reconozca y se desarrolle el caracter plurinacional del Estado”. O como repiten los promotores de este proyecto radical convertir a España en “una nación de naciones”. En una NO ESPAÑA.

Como es propio de un proyecto radical se utilizan las instituciones para subvertir el orden constitucional desde dentro del sistema, y se utilizan falsos procesos para imponer sus objetivos. Saben bien los radicales que si su proyecto lo proponen como reforma constitucional no sería aprobado porque no tendrían la mayoría de los dos tercios necesarios del Parlamento para su aprobación, ni sería aprobado en la necesaria consulta al a los electores. Por lo cual utilizan la vía de la reforma del Estatuto para cambiar en la práctica la Constitución y el modelo de Estado a través del nuevo estatuto catalán y por una mayoría simple. Sin necesidad de consultar a todos los españoles, que es en quienes reside la soberanía nacional (art. 1 de la Constitución).

Es Zapatero el líder del proyecto radical

A algunos les sigue extrañando que Zapatero haya impulsado ese nuevo estatuto elaborado y apoyado con sus votos por socialistas, comunistas, e independentistas. No hay razón para extrañarse. Zapatero va en la misma dirección desde que asumió el liderazgo del PSOE, y cualquier movimiento que aparente lo contrario está hecho con el mismo fin de engañar para seguir manteniendo una imagen moderada mientras avanza en su plan.

Hay también quienes se niegan a aceptar la realidad, cosa muy habitual en algunas personas cuando la realidad no satisface sus deseos, y siguen reclamando a Zapatero un cambio de actitud y que pacte con el PP (lo que supone romper con sus actuales socios). No quieren aceptar estos que Zapatero representa un proyecto radical de verdad, y que por eso pacta con quienes hacen exhibición permanente de su rechazo de España, y por la misma razón es considerado por Batasuna una “oportunidad”.

Los radicales no son mayoría. En una democracia la mayoría es moderada. Cuanto más democracia es y más desarrollada está en sus libertades y bienestar económico y social (ambas cosas van unidas), sus procesos de evolución son de carácter moderado y reformista, no rupturistas y revolucionarios.

Esa es la razón por la que Zapatero y sus socios utilizan la vía estatutaria y eluden la reforma constitucional que les obliga a contar con mayorías de consenso (con el PP) y a consultar mediante referendum a los ciudadanos. La mayoría de la sociedad rechaza el desafío radical que ha puesto Zapatero sobre la mesa, y que es el gran debate nacional.

Un debate que tiene mucho de catarsis y de efecto regenerador. De tal forma que el propio proceso abierto por la propuesta del nuevo estatuto catalán y sus contenidos, está sirviendo para librar esta batalla entre radicales y moderados. Con reflexiones constantes en todos los ámbitos sobre lo que representan las ideas, actitudes, y conceptos a la hora de decidir en este desafío propuesta por Zapatero. Lo puso de manifiesto la reunión del observatorio económico de FAES y los trabajos que presentaron sus componentes la pasada semana.

Vemos así como mediante su estudio fiscal del caso, José Barea ha llegado a la misma conclusión que Manuel Jiménez de Parga, el último presidente del Tribunal Constitucional. Estamos ante una propuesto no solo inconstitucional sino anticonstitucional, porque supone la ruptura de la Constitución de 1978 y la imposición de un modelo de Estado confederal.

De las muchas cuestiones que se están planteando en este debate voy a rescatar tres. He oído a algunos empresarios y comerciantes afectados por las reacciones de boicot contra productos, que “es culpa de los políticos” y que su actividad económica “no tiene nada que ver” con un debate que pone en juego el futuro de la nación. Eso es lo que suele llamarse falta de madurez democrática.

En una democracia todo tiene que ver con la política. ¿O acaso la subvención del gasoil no tiene nada que ver con la política? ¿Tienen que ver o no los impuestos con la política? ¡Pero si en el nuevo estatuto que proponen para Cataluña se lee que la Generalidad tendrá como competencia exclusiva la regulación del tiempo libre!

Las personas responsables en democracia no culpan a los políticos. Lo que hacen es comprometerse y decir a qué políticos consideran responsables de lo que les perjudica.

Por su parte Rajoy ha dicho que hay que defender a las personas antes que los territorios. Ha señalado un principio básico de la democracia liberal. La soberanía nacional y todos los poderes del Estado emanan de la soberanía popular, de las personas. Esta es una diferencia sustancial con los radicales, que someten a las personas al sistema, controlado a su vez por una elite política. Y de nuevo queda buena prueba de ello en el texto de la propuesta catalana.

El radicalismo de nuestro tiempo tiene en la antiglobalización un poder aglutinador. Hay un archivo de toda la actividad del PSOE en sus últimos años de oposición, con Zapatero al frente, que le sitúan de forma inequívoca en esa corriente. No es un caso único de España, en Francia Laurent Fabius está jugando ese papel dentro del partido socialista.

Para los moderados no es difícil de ganar esta batalla, pero si hay que tener la fortaleza y la firmeza suficientes. Defender la libertad no admite estar a la defensiva. Lo que sí es costoso, porque todo los importante es difícil.

Artículo de Antxón Sarasqueta
publicado en el diario La Gaceta de los Negocios el 1/11/05, y actualizado.

El experimento de la democracia radical en España
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