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Autor:  Antxón Sarasqueta  (antxon@sarasqueta.com)
Fecha:  Miércoles 23 de febrero de 2005
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La lógica de la involución

La democracia, como cualquier sistema vivo, evoluciona de acuerdo con su capacidad de regeneración. Si esta no existe, el sistema degenera. La evolución se transforma en un proceso de involución.


Los resultados del referendum sobre la Constitución europea que se celebraron el 20 de Febrero (20F) en España, arrojaron un triunfo del “sí” (76%), pero se abstuvieron dos tercios del electorado. Más de veinte millones de electores no respondieron a la convocatoria del gobierno socialista, ni a las campañas realizadas por los partidos políticos.

Por segunda vez consecutiva en 27 años de democracia española, fueron más los electores que no votaron que los que lo hicieron. Estos dos casos (el anterior fueron las elecciones europeas del pasado mes de Junio) se han producido bajo mandato presidencial del socialista José Luís Rodriguez Zapatero. No es casual.

Zapatero ha representado la involución dentro del propio PSOE. Desde que perdieron el poder en 1996 los socialistas no realizaron un proceso de regeneración interna, como hicieron los laboristas ingleses con Tony Blair. Zapatero y los actuales dirigentes del PSOE tienen un pensamiento muy alejado de lo que representa la democracia liberal. En la democracia liberal no cabe el populismo.

De la socialdemocracia
al radicalismo


Si los laboristas británicos daban el salto de la socialdemocracia a una “tercera vía” más abierta, para adaptarse a un modelo post-industrial como el que representa la globalización y la sociedad de la información, los socialistas españoles retrocedían: de la socialdemocracia al comunismo. Del liderazgo de Felipe González al pacto con los comunistas.

En las elecciones del 2000 fueron juntos socialistas y comunistas y el centro derecha ganó por mayoría absoluta. El PSOE sintió una crisis profunda de su modelo. Pero no cambió de modelo organizativo ni evolucionó ideológicamente. Lo que le hizo perder potencial y expectativas. En los últimos quince años el PSOE e IU perdieron más de un 7% de su representación en el Congreso, mientras que el centro-derecha ganó el mismo porcentaje. En total un vuelco del 15% que imposibilita al PSOE gobernar en solitario. No alcanza la mayoría suficiente a pesar de haber conseguido más de once millones de votos en las últimas elecciones (2004)

Con la nueva dirección de Zapatero el PSOE forzó la caída de los socialdemocratas vascos, e inició una política más radical y antiamericana. Un socialdemocrata como Javier Solana, que había sido secretario general de la OTAN y dirige la política exterior y de seguridad de la UE, perdió toda influencia. Todos estos movimientos forman parte de un nuevo proyecto de los socialistas y sus medios de comunicación para derribar al centro-derecha del poder, y sustituir la voluntad de la mayoría por la suma de las minorías.

La suma de partes heterogéneas
no suma la voluntad de la mayoría


En el referendum de la Constitución europea los socialistas, que fueron los que lo convocaron, apoyaron el sí, y sus socios comunistas e independentistas hicieron campaña por el no. Algo que demuestra hasta que punto son fuerzas heterogéneas y que representan opciones diferentes y contrapuestas para los electores. Y que por tanto, por mucho que unan sus votos, no representan la voluntad de la mayoría que fueron a las urnas el 14 de Marzo de 2004.

Esta subversión del orden democrático ya es en sí mismo un proceso de involución en la democracia, que ha tenido antecedentes como impedir que en algunas comunidades autónomas gobernase el PP, por la misma vía de sumar minorías heterogéneas que van desde la extrema izquierda a la extrema derecha (caso de Baleares en 1999). Sin recatarse en firmar documentos públicos que así lo expresan, como el acuerdo de Barcelona con los comunistas y los independentistas republicanos de ERC (2003).

Ante la imposibilidad de conseguir una mayoría autónoma de gobierno, los socialistas basan todo su objetivo de poder en el aislamiento y destrucción del partido mayoritario del centro-derecha, que es el PP. Imponiendo un sistema a la sociedad, en el que el centro-derecha carece de expectativas para ser alternativa, y se convierte en una parte estéril. Es el modelo que ya está siendo aplicado en el País Vasco y en Cataluña, donde en un cuarto de siglo han gobernado nacionalistas, socialistas, y comunistas, pero no el PP, la principal fuerza del centro-derecha en España.

Una hegemonía apoyada
en el terrorismo


Este modelo hegemónico de la izquierda y los nacionalistas tiene su eje motor en los grupos de comunicación propios y ajenos que lidera Jesús Polanco. Una estructura que actúa como un auténtico imperio mediático y dispone de los mayores privilegios de poder existentes en Europa.

Esta hegemonía de la izquierda y los nacionalistas se apoya en el terrorismo de ETA, con quienes tienen un pacto que les obliga a cambiar el actual marco constitucional y autonómico del Estado. El gobierno de Zapatero es el único de todas las democracias occidentales que ha hecho concesiones a los terroristas islámicos y a lo etarras. Cuando Zapatero llegó al poder sacó a las tropas españolas de Irak abandonando a los aliados que se habían comprometido en el apoyo a la nueva democracia iraquí.

No contento con ello, Zapatero pidió a los demás países que hicieran lo mismo. Hizo lo que pedían los terroristas de Al-Qaeda y los países que les apoyan (Siria, Iran…) que hiciera. Enemistándole abiertamente con el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, quien dijo ante los periodistas de todo el mundo en los jardines de la Casa Blanca que Zapatero estaba “envalentonando” a los terroristas. El diario The Wall Street Journal le dedicó al líder socialista un artículo editorial calificándole de “aliado” de los terroristas.

De una oposición desestabilizadora
sale un gobierno inestable


La crisis socialista y de los nacionalistas hizo que desde la oposición desarrollaran un plan de desestabilización política e institucional denunciada reiteradamente en el Parlamento por el entonces presidente, José María Aznar. Entre otras cosas fueron asaltadas violentamente más de doscientas sedes del PP. El proceso culminó con la utilización de la masacre terrorista del 11M en Madrid (192 muertos), utilizándola para aplicar un plan de agitación popular del más puro corte revolucionario hasta el mismo día de las votaciones. Un plan que identificaba al PP y a su presidente saliente (Aznar había renunciado a presentarse de nuevo a las elecciones por voluntad propia) con la causa del terrorismo. [ El País, su principal periódico de apoyo, llegó a comparar editorialmente a Aznar con el terrorista Bin Laden. Lo hizo de forma literal.]

Todo ello consiguió dar un vuelco en las elecciones, y Zapatero llegó al poder. A partir de ahí se produjo un giro de 180 grados en la política española y el proceso de involución se ha venido acelerando, afectando a todos los aspectos de la vida nacional.

Cuando la mayoría de los medios de comunicación denunciaron las medidas del gobierno para favorecer a las empresas de Polanco con nuevas concesiones de radio y televisión, y la aplicación de medidas legislativas que le salvan de cumplir sentencias anteriores y condenatorias del Tribunal Supremo, lo que estaban representando era la protesta frente a una política involucionista.

Meses antes el gobierno de Zapatero se saltó todas las normas jurídicas y parlamentarias para imponer una nueva ley que les da acceso al control del Poder Judicial y al nombramiento de los miembros del Tribunal Supremo. La oposición popular anunció que llevaría el tema ante el Tribunal Constitucional.

En los meses que lleva en el gobierno Zapatero, no ha habido día que no se hayan denunciado retroceso en la defensa de los valores democráticos. Un día fueron detenidos dos militantes del PP que se manifestaban con las víctimas contra el terrorismo, por la única razón de haber sido identificados mediante fotografías como miembros de dicho partido. Tuvieron que ser liberados a las pocas horas, pero el efecto de intimidación contra los militantes y simpatizantes del partido de centro derecha ya se había producido. Otro día se prohibe a los periodistas acceder a la información de la catástrofe del barrio barcelonés Carmelo, para impedir que descubran las implicaciones de las autoridades en un suceso que obligó a más de mil familias a abandonar sus casas.

Un discurso donde cabe todo el pluralismo

Las acciones y actitudes contra los más básicos valores democráticos, especialmente de los derechos ciudadanos, no han dejado de sucederse, todo ello dentro de una retórico populista. Es la lógica de un proceso involucionista que a su vez responde a la implantación de un proyecto de democracia radical, que en la terminología propagandística de los socialistas ha denominado por el propio PSOE como La otra globalización.

Este involucionismo da paso a extrañas teorías democráticas, que repercuten en el deterioro progresivo de sus valores. Como la justicia alternativa, la discriminación positiva, o la igualdad por cuota, etc. Por ejemplo, en la vida política y periodística española se invierte el sentido del pluralismo con total naturalidad. Se hace de la parte el todo, como si fuera lo mismo. Un periódico tiene que tener columnistas de todas las tendencias para que sea plural. ¿Se imaginan a un partido político teniendo grupos de todas las tendencias del espectro político? Efectivamente, es fácil imaginárselo.

Entre otras cosas, es lo que explica el discurso de Zapatero que tanto confunde y desorienta a las mentes racionales. Es capaz de decir una cosa y la contraria en la misma frase, y dar la razón a diferentes partes que se contradicen entre sí. Todo cabe porque el objeto de su discurso es total. Este discurso no está pensado para que sea parte del debate nacional, ni una parte del pluralismo, sino para ser el pluralismo mismo. Todas las partes están integradas en un mismo discurso que se adapta en función de los objetivos últimos de poder.

El proyecto de una democracia radical

Otra de las imágenes que ilustran este proceso de involución son las prioridades en materia internacional. Con medidas de apoyo al régimen comunista de Fidel Castro, y al régimen del comandante Hugo Chávez. Zapatero se ha convertido en una referencia para la vieja izquierda revolucionaria, según lo han expresado en público algunos de sus dirigentes próximos a ETA. “(Zapatero) es una nueva referencia internacional de todos los que piensan que el mundo puede responder a otro orden político y económico que no sea el imperialismo norteamericano”, dijo Pernando Barrena (de la ilegalizada HB) al presentar en rueda de prensa (Pamplona) los resultados de una gira de contactos internacionales (Febrero 2004).

También forma parte de la lógica del proceso, porque Zapatero preside un gobierno cuya mayoría depende de los apoyos de los grupos que a su vez han pactado con el terrorismo etarra. Ver mapa interactivo



Una democracia liberal
es incompatible con el populismo


Una democracia liberal es incompatible con este tipo de planteamientos ideológicos y políticos, que representan la degeneración del sistema. Algo que, como es natural, provocan la desconfianza -y la peor de las sospechas- de los aliados.

Con Aznar España era uno de los principales interlocutores de las dos democracias más arraigadas -y autenticas- del mundo, como son Estados Unidos y Gran Bretaña, y había adquirido un peso y una influencia global en beneficio propio, y de sus aliados. Era un socio fiable, seguro, y predecible, que aportaba fortaleza y equilibrio al conjunto. Así lo expresaron todos los líderes, y la hemeroteca es muy extensa en el catálogo de valoraciones de los principales medios de todo el mundo.

Muy recientemente el líder de la Unión del Movimiento Popular (UPM), ex ministro francés y aspirante a la presidencia de la república, Nicolás Sarkozy, no regateó elogios para Aznar: “La historia te devolverá tu lugar en España y en Europa” (8/2/05).

El proceso involucionista seguirá su lógica en España, hasta que encuentre una respuesta igualmente lógica. De regeneración y cambio.

Antxón Sarasqueta
23 de Febrero de 2005

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