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Autor:  Antxón Sarasqueta  (antxon@sarasqueta.com)
Fecha:  Lunes 19 de abril de 2004
Categorías:  
Una sociedad consciente

¿Es usted consciente de que estamos en medio de una guerra -no convencional- contra el Estado y la sociedad gobernadas por un sistema de democracia liberal?


Basta hacer un listado de todas las acciones terroristas producidas desde el 11/9 contra Estados Unidos, hasta las de hoy mismo en España, para tener el mapa de esa guerra. No solo en los millares de víctimas que se contabilizan, sino cada uno de los pequeños detalles y de las grandes fuerzas que operan. Es decir, objetivos, estrategias, recursos, métodos y técnicas, posiciones, fuerzas y grupos implicados (incluidos gobiernos y servicios de inteligencia), y resortes ideológicos y sociales.

La pregunta con la que he iniciado este artículo es por tanto previa a la de la posición que se pueda tener en términos políticos y morales, sobre la naturaleza del conflicto o las políticas antiterroristas. Entre otras cosas porque cualquier reflexión o actitud que no se haga desde la consciencia, o para llegar a ser conscientes, no forma parte de este debate.

Los hechos están ahí, y los motivos también. Ni los terroristas de ETA ni los de cualquiera de los grupos internacionales que se mueven con unas u otras siglas, cometen sus acciones para defender la libertad y la democracia. Y tampoco actúan contra las dictaduras, sino contra las democracias liberales.

Todo eso está a la vista y forma parte de esa dramática realidad que acompaña las escenas de la violencia terrorista. Pero nada de ello hace necesariamente conscientes a las víctimas y a las sociedades y Estados amenazados, de que se trata de una guerra que nos afecta directamente. De hecho, el primer objetivo de los cerebros de esta guerra, es tratar de impedir de que se llegue colectivamente a ese grado de consciencia.

La razón es muy sencilla: la persona que no es consciente del alcance de una amenaza es más débil y vulnerable por la misma. ¿Cuantos casos vemos diariamente, en relación con las drogas, las enfermedades o cualquier otro riesgo al que estamos sometidos permanentemente?

Lo mismo ocurre con la sociedad como grupo humano, y los Estados. Si no son conscientes de sus riesgos y amenazas, son débiles y fáciles de socavar. Ni siquiera pueden defenderse porque no son conscientes contra qué o quienes tienen que hacerlo.

Cuestión distinta es la de quienes siendo conscientes, tratan de impedir que lo sean los demás, para manipularse en favor de sus intereses particulares y partidistas, y beneficiarse de su debilidad (por ejemplo, tratando de hacer ver que los culpables no son los terroristas y quienes les ordenan, sino el gobierno democrático y legítimo de la nación).

Ser conscientes significa procesar y racionalizar la información y los conocimientos que esta nos proporciona. Lo que a su vez conduce a un grado superior de consecuencia, exigencia, y responsabilidad. Con uno mismo y con los demás. Los gobiernos, partidos políticos, y medios de comunicación, no pueden querer una sociedad responsable y desarrollada, y acrítica con sus actos y actitudes. Es decir, una persona o una sociedad conscientes, son menos vulnerables en todo, y también menos manipulables por el poder y quien lo controla.

En su obra El Universo de la Consciencia, el Nobel, Gerald M. Edelman, y el neurobiólogo Giulio Tononi, explican muy bien el grado de sofisticación que rodea al ser consciente, y lo que ello representa para la fortaleza humana en todos los órdenes. También de las organizaciones y sistemas con los que opera.

¿Por qué suele hablarse de lavado de cerebro en referencia a las prácticas por las que les hacen pasar a los terroristas, o a otros grupos a los que hay que desarmar primero para que no cuestionen las órdenes, por inhumanas que resulten? Precisamente porque el concepto representa lo opuesto a la consciencia.

Si la sociedad, los gobiernos y funcionarios, ni los medios de comunicación, son conscientes de que existe una guerra terrorista contra los Estado y las sociedades que defienden un modelo de vida liberal y democrático, no sentirán ninguna responsabilidad ni necesidad de defender los valores que sustentan ese modelo.

El gobierno de los Estados Unidos, el actual, al que tanto odia la izquierda y la progresía española, desarrolla como respuesta a la nueva situación de guerra, una campaña permanente con el lema estar preparados (be ready). Al mismo tiempo, esto significa tener a la sociedad informada del nivel de amenaza que se evalúa en cada momento, y con un grado de información y colaboración en la que participan cada ciudadano y cada organización. Desde la Cruz Roja hasta la empresa más pequeña del Estado menos habitado.

Cada uno luego tendrá la opinión que quiera sobre lo que sea, pero hay que decir que la sociedad en su conjunto, y los poderes del Estado, son conscientes de en qué guerra están. Y actúan en consecuencia. Entre otras cosas, un país y una sociedad conscientes de sus riesgos, saben asumir sus costes. Porque saben que están defendiendo un conjunto de valores superiores.

Artículo de Antxón Sarasqueta publicado en el diario La Gaceta de los Negocios el 6 de Abril de 2004
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