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Autor:  Antxón Sarasqueta  (antxon@sarasqueta.com)
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La sociedad popular

La principal perturbación intelectual e ideológica de nuestro tiempo, radica en la falta de claridad sobre el nuevo orden social al que estamos abocados de forma irreversible.


Por definición, la globalización representa una realidad de conjunto y por tanto de carácter diverso y plural. A su vez, todo está movido por la información, y esto da origen a dos fenómenos decisivos que se funden en la configuración del nuevo orden social: la expansión del conocimiento y la innovación, y la democratización de todas las estructuras.

El diccionario español todavía identifica lo popular como contraposición a lo culto, pero ese es justamente el cambio sociológico más profundo que se está produciendo. Hoy la cultura y la innovación son populares. Cualquier composición que se realice en un buscador de Internet sobre el concepto popular, hace que el usuario disponga en menos de un segundo de acceso a millones de páginas relacionadas con todo tipo de actividades. Desde la astronomía a las matemáticas, y desde la música a los programas de ordenador.

En época reciente ha estado de moda el capitalismo popular. Era la expresión de un cambio a la expansión inversionista en las capas populares o clases medias. Pero hoy lo popular no es el capitalismo como ideología, sino lo que se ha bautizado como la sociedad del conocimiento. La Comisión Europea ha puesto en marcha una de las iniciativas que tendrán mayor influencia en los próximos años, y que es movilizar a millares de centros y universidades para potenciar su papel en la Europa del conocimiento.

Esta evolución explica la respuesta desestabilizadora de algunas ideologías tradicionales. De todas las que están basadas en el dominio de una elite sobre el conjunto. Se resisten a perder estatus, influencia y poder, y extreman sus posiciones. El nacionalismo es un ejemplo. Lo mismo le ocurre a la izquierda progre. En España, cuantos menos apoyos sociales y electorales tienen los socialistas, más se radicalizan y se aproximan a los nacionalistas y comunistas. En beneficio de estos, como se han demostrado en las últimas elecciones autonómicas de Madrid y Cataluña.

El integrismo islámico o la extrema derecha europea no solo coinciden en sus planteamientos anti-liberales y anti-semitas, sino igualmente en la defensa de un modelo totalitario. Que a la hora de expresarlo en sus ideas, leyes y hábitos, establece la superioridad de unos hombres sobre otros por su condición de mujer, emigrante, o perteneciente a una u otra etnia, sociedad, país o religión. También actúan sobre el principio de un dominio de privilegios elitistas.

Quienes tienen ideas totalitarias han hecho de su oposición a la globalización y a todo lo que ello representa como sociedad plural y abierta, su verdadera batalla. La cual tiene distintos grados de intensidad y se envuelve en las más diversas causas y estrategias. Por eso coinciden el nacionalismo vasco con los movimientos anti-sistema. O unen su agresividad contra la democracia más estable y vigorosa del mundo occidental, desde la extrema derecha a la izquierda y el integrismo islámico.

Dentro de los distintos sectores ideológicos fluyen ideas y posiciones diferentes, pero que son convergentes en una misma dirección contrapuesta, favorable o resistente a los cambios derivados de la globalización.

Pero ¿qué modelo ideológico representa la sociedad popular? ¿Qué valores dominan este nuevo orden social?

Es un grupo heterogéneo de valores, pero que se asocian entre sí, dando estructura y perfil al modelo global de este orden social. Por ejemplo, es un liderazgo de carácter futurista porque popularmente se asume que estamos fabricando el futuro en todos los aspectos.

Ese liderazgo de signo futurista es el que garantiza la estabilidad que se demanda, porque permite prever y adaptarse a los cambios mediante reformas. De igual manera que hace de la seguridad un pilar de la libertad, y ambos de la confianza. Frente a la vieja teoría progre de libertad versus seguridad, ambos valores son interdependientes y proporcionales, y sin ellos no existe confianza social, ni a nivel público ni privado.

Otros valores fundamentales de este modelo social se encuentra en la exigencia creciente de transparencia en el uso y verificación personal de la información. Sin transparencia no hay credibilidad, ni confianza, ni eficiencia en la gestión. En el nuevo orden social ya no se habla de Estado de bienestar como realidad de progreso, sino de responsabilidad social para progresar, que es algo bien diferente porque supone una implicación y co-responsabilidad de todos.

Son valores que tienen fuertes componentes éticos, morales, y humanistas, y que en su conjunto dan fuerza a una sociedad de carácter cosmopolita. Con la que choca la mentalidad inmovilista y tribal, tanto por razones de ideas como de intereses partidistas (de parte) y de poder.

Políticamente, ¿quién lidera ese modelo social y con qué grado de energía?



Artículo publicado en La Gaceta de los Negocios el 18.11.03
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